Vivimos en una época donde la hiperconexión digital convive, paradójicamente, con una profunda sensación de desconexión emocional. Tenemos acceso inmediato a miles de personas, conversaciones y estímulos, pero cada vez más seres humanos experimentan soledad, ansiedad y vacío interno. Y quizás esto sucede porque, aunque podemos comunicarnos constantemente, no siempre estamos realmente vinculándonos.